Primer día de cole

Sí, estamos en mayo, no en septiembre cuando comienzan las clases. Pero resulta que hoy es el primer día de cole de mi peque de 3 años.

Cuando empezó el curso hizo la tan esperada “semana de adaptación” y fue fatal. La verdad que una semana no da para nada, obviamente no es suficiente y menos para un niño que no está acostumbrado a estar con nadie que no sean sus padres y que tampoco había ido a guardería.

Sólo tenía que ir una hora por día pero todo ese rato estaba llorando, pataleando, gritando y por la mierda de la mascarilla hiperventilando. No sé para quién era más duro si para él o para mí, pero yo tenía un montón de sentimientos encontrados, sobre todo enfado y angustia.

No pude soportarlo. Acostumbrada a ver a mi hijo feliz no tenía porqué obligarle a pasar por la angustia si no era necesario que esté allí. Yo no estaba trabajando desde hacía años, desde que decidí que los primeros años en la educación de nuestros hijos lo son todo y cambié prioridades.

Estos meses ha aprendido los mismos contenidos que se imparten en el cole solito, es un peque tan increíble y tan listo que busca conocer todo lo que le interesa. Es extremadamente creativo y autodidacta.

El tiempo fue pasando y su profe seguía pendiente de su incorporación. Intenté varias veces que me dejen volver a hacer otra adaptación, pero siempre hubo negativas. Debía empezar la misma cantidad de horas como los demás, flexibilidad cero en un colegio que se jacta de ser moderno.

Me costó mucho llegar a este día. LLevo meses contándole cosas positivas del cole. Y hoy ha ido, ha tenido que llevarle mi marido porque yo no puedo, si voy, ante cualquier mueca de malestar cojo al niño y me lo llevo.

No sé como estará, aunque su profe me ha dicho que si le ve mal me llama, supongo que será su última opción. Sabe que estoy un poco loca y que si le veo mal puedo llevarlo y no volver.

¿Porqué me cuesta tanto?, porque es mi bebé, porque me duele verle crecer tan rápido, porque es parte de mí. Porque no quiero pasar una mañana sin sus besos y sus ocurrencias. Porque quiero que sega pegado a mí, que siga tomando mi teta, quiero tener un bebé eterno y es imposible, porque siempre crecen y se van. Soy una madre egoísta y sobreprotectora y me da igual, es mi bebé y siempre lo será. Esta simbiosis absoluta no la comprende nadie más que una madre.

Amor incondicional, así le llaman, pero también ser madre es una preocupación constante, si no es una cosa es otra, vivimos en una dulce y eterna preocupación.

Solo han pasado dos horas y ya le extraño, la casa está vacía sin él. Yo estoy vacía. Tengo mil cosas que hacer y no tengo ganas. Tengo que recuperarme, llamar a la mujer que hay en mí, pensar en trabajar, volver a mí, autorrealizarme; tengo muchos roles pero parece que ahora mismo sólo me llena el de ser madre.

No puedo encerrarle en una burbuja y tenerlo secuestrado en mi ser, debo dejarlo crecer. Dejar fluir, así es la vida…

Bla, bla, bla, puedo decir mucho para autoconvencerme pero es imposible. Mi mente me dice mil cosas pero mi corazón solo siente una absoluta tristeza..

Te extraño pequeñín!

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